jueves, 6 de septiembre de 2012

PASEANTE CON MISIÓN


Abotono hasta el cuello mi abrigo dispuesto a hacer de la salida a la compra un homenaje al gran Robert Walser. Con la llegada de la primavera las horas de sol han aumentado paulatinamente de esa forma que sólo un paseante minucioso o un ratón casero pueden llegar a distinguir.
         La sombra que ofrecen los edificios para un caminante con una empresa como la nuestra resulta ahora innecesaria, pero no podemos olvidarla para momentos peores. Los fumadores parecen multiplicarse en torno a esos barriles que ponen en la calle para sujetar los ceniceros. Tal vez sea el momento de entrar al bar y fortalecer el espíritu, contemplar a esa camarera que sirve los cafés mientras canturrea como siempre, poco atenta a los clientes, y multiplica cada semana los tatuajes de sus brazos. Pero no hay tiempo para eso, debemos volver a casa cuanto antes con pan, leche y mantequilla. Tenemos una misión.
         Son muchos y variados los supermercados de la zona a los que podemos acudir, en todos ellos abunda un personal bien formado que atiende al comprador con solvencia. Casi siempre son mujeres fuertes, capaces de teclear con la delicadeza necesaria en una caja registradora e igualmente desplazar y colocar grandes pesos en las estanterías.
        Saludamos a todos al entrar, los que escogen, los que trabajan, los que pagan y los que miran desde la cola cómo pasa la vida esperando su momento, o piensan en el amor perdido, o el crimen que van a cometer. Los habitantes de una cola son casi siempre gente temible, de esos dispuestos a pensar en algo.
        Qué bien ordenado está todo, me digo cada vez que entro en uno de estos comercios. Esos productos perfectamente dispuestos, con etiquetas de papel que nos indican el precio, y son de un color diferente si es una oferta... Son tantos los trabajos que han realizado esas personas para facilitar la compra de todos nosotros -compradores dispuestos a buscar la mejor oportunidad-, que cuando cojo mi bolsa de pan para completar el proceso ya empiezo a sentirme un ídolo, un héroe, a punto de empezar el viaje de vuelta a casa.
 Publicado en El Comercio

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